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domingo, 25 de mayo de 2014

Estimulemos acciones positivas.


Estimulemos acciones positivas.

Si comenzamos a reconocer y a estimular las conductas positivas, a los ciudadanos con valores éticos muy marcados, se comenzará a tener resultados más humanos.

Se disminuirá la violencia,  se organizará la sociedad y nos dirigirán los mejores hombres.

Estimular los reforzadores psicosociales positivos,  es estimular el desarrollo de los mejores hombres.

Si nuestros líderes comienzan a reconocer nuestros mejores ciudadanos, a estimular los hombres más actos para dirigir una que otra secretaría,  a rodearse de los hombres con una marcada moralidad. Que estos construyan un escudo ético al rededor de éste,  su administración tendrá resultados extraordinarios.

Desde luego que para que un líder se rodee de hombres con cualidades de esta envergadura debe de dejar en el pasado su egocentrismo, su narcisismo,  su promiscuidad política.

Dejando toda estas debilidades carnales en el pasado, no temerá entregar el poder a un hombre con cualidades iguales a él o superiores a las de él.

Nuestros líderes son los que estimulan o reconocen las conductas de los ciudadanos. Si estos estimulan a ciudadanos con pocos valores éticos,  se estimula el desorden y el caos, por ende, una anarquía institucional estará al doblar de la esquina.  Y, por el contrario, si el líder estimulas hombres con marcado valores éticos,  la institucionalidad, la paz y el equilibrio social será donde se sustenta el desarrollo de la sociedad.

Estimulemos conductas positivas y tendremos una sociedad positiva, con instituciones fuertes y solidas.

Sandy Valerio

viernes, 23 de mayo de 2014

Planes perversos.


Planes perversos.
Cuento

No encuentras como deshacerte de la espinita que te ha estado molestando desde hace unos años. Es una piedra en el zapato. Escribe todas las mentiras que le dicen de ti, sin investigar si son ciertas. Escribe a la ligera. Pero eso le va a salir caro te dices. No se lo vas a perdonar.

Dejas el libro que está leyendo sobre Buenaventura Baez y sus gobiernos y llamas a tu asistente.

- Samuel, puedes venir a mi despacho.
- Sí señor.

No pasan dos minutos para que Samuel se encuentre frente a tu escritorio.

- Samuel,  viste el estado de facebook del loco de Santiago.
- No señor. Usted sabe que no uso esa herramienta.
- Deberías usarlas. Te lo voy a leer... "Cuando la política se prostituye, las instituciones del Estado se transforman en burdeles". Tú escuchaste. Eso es a mi Samuel.
- Qué va señor... ¡Cómo va a ser a usted! Ése loco no está pensando en usted señor. A ese individuo, se lo está llevando el diablo. Además, usted es un genio de la política. Usted ha realizado una reingeniería en nuestro país.
- Gracias Samuel. Gracias por tus palabras. Pero son a mí esas palabras. Ése loco viejo sabe muy bien a quien dirigir sus palabras.
- ¡Qué va señor! Ese infeliz, loco viejo, mal comío, no sabe que es lo que quiere. No sé por qué le preocupan sus palabras. Si no fuera porque los gringos lo están protegiendo, ya no existiera.
- Ah... ve porque debemos preocuparnos. Ese loco viejo sabe muy bien lo que está haciendo. Esa campaña por la presidencia de los Estados Unidos que él montó en el 2012 en las redes sociales le está dando sus frutos. Aunque él no lo sepa. Tú sabes que al presidente Obama se le da un informe de todo lo que ese loco publica. Aunque no lo creas.
- Señor... cómo lo voy a dudar si usted lo dice. La persona más informada.
- Ve la importancia de las redes sociales. Somos ciudadanos del mundo.
- Sí señor. Usted es la persona que más importancia le ha dado a eso.

Al terminar estas palabras se sumergen en un silencio momentáneo. Viste en el rostro de Samuel un asomo de preocupación.

- Samuel, sólo quería que vieras ese aforismo. Pero veo que algo te ha preocupado de nuestra conversación.
- No señor. Bueno sí. Usted sabe que ése loco escribió algo que me molestó mucho también.
- Sí, lo sé. Me lo informaste.
- ¡Anja! Y por eso hice unos planes. Para que nos deje de molestar.
- No me digas. No quiero escuchar esos planes. Además, te mucho cuidado. Aparte de Obama, Danilo también lo protege. Éste no lo ha nombrado en el gobierno por el cardenal.

Le dice a tu asistente que continúan hablando luego. Te levantas del escritorio. Él se aleja de tu despacho. Lo observas mientras se aleja y piensas en los impasse que te ha creado. Al extremo de que ya no lo puedes controlar, y piensas...

- Ojalá y no vuelvas a meter la pata.

Sandy Valerio
Foto de Buenaventura Baez

lunes, 5 de mayo de 2014

Solidaridad.


Solidaridad.
Cuento
Dedicado al general Luis Hernandez Oleaga.

El teniente Alcantara te ha cargado.  No puedes dejar que él te vea. Así que desde que te dan un descanso,  te debes esconder. O mejor, evadirlo.

Y esta es la razón por la que está en este árbol.  Estás evadiendo una física o un traslado al lugar mas apartado del país.  Ésta situación no la soportas más.  En la noche se te aparece en tu dormitorio para levantarte y darte una buena física.  Si hay una huelga,  el nombre tuyo es el primero en la lista para ir de servicio.  Y ni hablar de los miles de abajo y en pies que te ha contado el teniente Alcantara.

Pero la física no te preocupas. Te burlas de está.  Por ser de los más actos te eligieron para ser parte el jefe de grupo del pelotón de reconocimiento. Además, tu disciplina es extraordinaria. No tiene forma para  cuestionarte.

Y todo por la raso Martinez. El que ella se haya enamorado de ti a provocado que el teniente te odie con toda su alma.

Das un brinco al escuchar el nombre tuyo por las bocinas del batallón.  -Lopez Jimenez favor de pasar po el ejecutivo-. Qué querrá el coronel Hernandez te dices mientras corre a su oficina.

Llegas a la puerta del coronel. Tocas y pides permiso para entrar.

- Respetuosamente Señor. pido permiso para entrar.
- Adelante Lopez.
- Coronel, en que le puedo servir.
- Lopez, vamos al grano. Usted le hizo algo al teniente Alcantara.
- No señor.  A él le ha dado pa' mi.
- Lopez, algo le hizo usted.
- No señor. Lo que pasa es que a él le gusta la raso Martinez. Y a ella le gusto yo.

El coronel Hernandez se echa para atrás en el sillón y se ríe.

- A bueno... entonces es despechado que está el teniente. Mira lo que tengo aquí Lopez.
-Qué es eso señor.
- No te imaginas.
- No señor.
- El traslado tuyo para Higuey. Solo tengo que firmarlo.
- ¡Comandante!

El coronel Hernandez hace un movimiento y toma el micrófono. Llama a la raso Martinez.

- Adelante la raso Martinez. Favor de pasar por el ejecutivo.

Mientras tanto te mantienes en atención sin mover un músculo.  La rabia te embarga. El coronel lo ve en tus ojos.

- No se preocupe Lopez. Eso es normal en la guardia. Tese quieto.
- Respetuosamente señor.  Yo nunca he pasado palabra con ese señor, ni me le he negado en nada. Todas las órdenes que me ha dado la he cumplido.
- Lo sé Lopez. Usted es un guardia ejemplar.

En ese instante la raso Martinez pide permiso para pasar.

- Respetuosamente señor, la raso Martinez pide permiso para pasar.
- Adelante Martinez.

Al entrar en la oficina ella se sorprende al verte.

- Martinez, usted conoce ese guardia.
- Sí señor.
- A usted le gusta ese guardia.

Un silencio la embarga. Y moviendo la cabeza le dice que sí.

- Ah recluta dichoso.

Al decir esto toma el traslado en las manos y lo rompe sin mediar palabras. El asombro se apodera de ti. Y dirigiéndose a ti te pregunta que qué piensas hacer. Le dices que nada. Cómo que nada te dice el coronel. Y tomando la cartera en sus manos te pasa 200 pesos y un pase de cortesía de un motel. No encuentras palabras para darle las gracias.  El se ríe y te dice...

- Tómense el resto del día libre.

Sandy Valerio

jueves, 1 de mayo de 2014

Super hombre.


Super hombre.
Cuento

Estás pagando el precio de haber desafiado al Chaman del pueblo. Todos te cierran las puertas. En el pueblo nadie es tu amigo. Y los que aún lo son, no te hablan en público. Eres visto como un demonio.

El Chaman del pueblo a utilizado su séquito para regar el rumor de que eres un ave de mal Agüero. Y en el pueblo sus palabras son sagradas. Hasta tu propio padre, por miedo al Chaman, te ha negado su ayuda. Acabas de salir de su casa. La desesperación te llevó a tocar su puerta. Habías jurado no molestarlo después de la última discusión que sostuvieron.

Se te han agotado todas las opciones. Sin lugar a dudas tendrás que emigrar del pueblo a otro lugar.

Tus pasos son lentos pero firme. Tus convicciones se han consolidado con la adversidad. No te ha interesado pertenecer a los grupos dominante de la sociedad por mantener tu libertad.

Miras hacia el horizonte y ves la casa del Dr. Torrijo en el mismo. Nunca has hablado con él pero tu intuición te dice que toques su puerta.

Después de unos minutos te encuentras frente a su puerta. Te detienes unos segundos. Reflexiona sobre las molestias que le puedes causar al Doctor y ser rechazado por las mismas. Pero estás al borde del abismo. No tienes opciones y tocas la puerta. No pasan 10 segundos para que el mismo Dr. Torrijo te abra la misma.

- Buenos días Doctor Torrijo.
- Buenos días joven. En qué le puedo ayudar.
- Doctor... necesito su ayuda.
- Lo sé. Pasa. Hablemos adentro.

Mientras caminan hacia la terraza, donde al Dr. Torrijo le gusta hablar con sus amigos. Piensas en lo que él te acabas de decir. El Doctor sabe que necesitas de su ayuda. ¿Pero cómo? Acaso él está al tanto de tu situación. Se podría decir que sí. El Doctor está muy bien informado de todo lo que acontece en el pueblo. Es la persona más informada de todo el lugar. De ahí a que te estuviera esperando.

Es la única persona que te puede ayudar. El Chaman no tiene influencias sobre él por sus convicciones personales y por ser un científico con independencia de criterios. Pero sobre todo con valor.

Aunque el Chaman se creía por encima de cualquier mortal, ya que se creía un elegido, al Dr. Torrijo lo respeta. Conoce las virtudes humanas que adornaban al Doctor.

- Siéntase joven.
- Gracias Dr. Torrijo.
- No no, no es nada mi hijo.
- Sí Doctor. En éste pueblo yo no soy visto con buenos ojos. Los que me saludan, es por educación. Soy un exiliado dentro de mi propio pueblo.
- Sí, lo sé. He visto como defiendes tus ideas y como condenas lo mal hecho. Además, no me gustan las injusticias.

Un nudo en la garganta se te ha creado al escuchar las palabras del Dr. Torrijo. Muy pocos en el pueblo, por no decir nadie, han sido solidario contigo. Todos le temen al Chaman. Y, éste hombre, sin conocerte, te abre los brazos. Solo un hombre con virtudes extraordinarias puede hacer lo que éste está haciendo contigo. Y con un odio muy marcado a las injusticias.

- Lo primero que debemos hacer es romper el cerco económico al que te han sometido. Tú y tu familia están pasando por una situación difícil. Te voy a emprestar el dinero para que pongas un negocio. Con esto, tus necesidades económicas estarán cubiertas.

Bajas la vista al suelo para que el Doctor no vea tu rostro, dos lágrimas se deslizan por las mejillas.

- No te aflijas mi hijo. Sé de lo que son capaces estos malditos. Se aprovechan de la ignorancia del pueblo para inducirlo a cometer atrocidades. Ven mañana a buscar el dinero. Y, toma esto cinco mil pesos, paga lo poco que debas, sé que nadie te debe emprestar ni fiar y compra lo que tu familia necesite.

Te levantas de la silla. Tomas el dinero que el Doctor te ha dado. Le das un abrazo. No encuentras las palabras para expresarle lo feliz que sientes. El Dr. Torrijo te entiende.

Caminan hacia la puerta. El Doctor te acuerda que vengas mañana a esta misma hora. Ya que él te estarás esperando con el dinero.

Te despide del Doctor con una alegría inexplicable. Esto es un milagro de Dios te dices mientras caminas de regreso a tu casa. Ves la hora del reloj para saber a que hora es que debes venir mañana. Las 8:30 am.

Al ver la hora, no te has percado de dos individuos que se te han acercado. Escuchas que te dicen -amigo- y al mismo tiempo te hacen dos disparo. El Dr. Torrijo escucha los disparo e intuye que fueron a ti. Te ha mandado a matar.

Sandy Valerio

Honestidad.


Honestidad.
Microrrelato

Has cobrado y no te ha quedado ni un céntimo.  Estos chelitos no dan para nada, piensas, mientras diriges el tránsito.

Ves un vehículo estacionándose y un señor con saco y corbata se desmonta. Un sobre en blanco se le cae sin que éste se de cuenta.

Dejas tus labores para ir a decirle al señor de su perdida. Pero no lo alcanza.  Éste entra al supermercado sin mirar para atrás.

Recoges el sobre en blanco. Por el volumen que tiene deben ser muchos los papeles. Pero oh sorpresa. No lo puedes creer. Que gran cantidad de dinero. Nunca has visto tanto dinero junto. Comienzas a sudar. Será Dios que te ha puesto éste tesoro en tu camino, te dices, mientras saca un faldo de papeletas de 1000 pesos. El ha escuchado tus plegarias.

Pero no... te detienes a reflexionar. Dios no va a despojar a alguien que se lo ha ganado trabajando para darselo a otro. Tu padre te ha enseñado que el dinero fácil destruye el alma. Corroes los huesos. Le hace involucional el alma al hombre que lo toma. Tus padres te enseñaron que la honestidad no tiene precio.

Decides esperar al hombre que regrese. Pero el cúmulo de vehículo demanda que ordenes el tránsito.

En unos minutos tienes el control de la situación.

Ves el hombre que ha regresado hasta el vehículo.  Lo abre. Entra y sale del mismo. Sabes que es lo que busca. Caminas hacia él. Ves que éste se para detrás del vehículo con cara de desorientado. Ya está a unos pasos de él.

- Sr. Usted como que busca algo.
- ¡Ay sí amigo!
- Es esto.

El hombre se queda sin palabras. Le has devuelto el aire.

Sandy Valerio

Foto del cabo Jose de los Santos de la policía nacional