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lunes, 1 de febrero de 2010

Gerencia intemperante.

Gerencia intemperante.

Así como el despotismo, el sadismo, la deshonestidad y demás vicios del alma son perjudiciales para el individuo, así mismo es de perjudicial la falta de carácter. La sumisión enferma, la ausencia de iniciativas o la falta de coraje para tomar decisiones, cohíbe el correcto desarrollo de la empresa.

Los individuos sin carácter son como un velero sin vela, a merced de la corriente. Como dice un dicho popular, que aunque vulgar, me encanta: Perro cobarde no coge perra. Así mismo a un individuo cobarde, dubitativo, sumiso e intemperante se le alejan las oportunidades. No le gusta correr riesgo. Y generalmente está a merced de los que lo circundan.

El individuo intemperante si tiene que despedir un correligionario suyo con justificada razón, con pretextos baladíes y excusas torpe la pospone.

Si tiene que prescindir de los servicios de alguna subsidiaria, lo pospone hasta el límite, aunque esto le acarree consecuencias fatales.

Si tiene que aprobar un presupuesto o posponerlo por cualquier razón, este es de los individuos que titubean a la hora de tomar una decisión.

Estas personas son las más propensas a correligionarios desaprensivos. Aprovechándose de la falta de carácter de quien los dirige, introducen cambios en los departamentos, cambian las políticas de la compañía. Utilizan los equipos de esta sin autorización. Se apropian a discreción de los recursos de caja chica. Conceden créditos por períodos muy largos y en muchas ocasiones estos no son recuperables. Se asignan dietas y viáticos por encimas de lo que le corresponde. Contratan los servicios de compañías sin ninguna autorización. Gestiona la fusión de la compañía sin autorización del consejo de directores pues está protegido por el gerente intemperante. Despide un empleado o cancela un contrato sin necesidad de explicación, pues, sabiendo de la falta de carácter de quien lo dirige, no tiene temor a represalias. Es lo que en buena palabra se llama anarquía. Y donde no existe dirección y orden, lo que existe es el desorden, el caos. Y, por ende, la desaparición de la empresa.

Ahora, lo que no debemos confundir es el autoritarismo con la autoridad. Son cosas muy diferentes. La primera se sustenta en la fuerza, la segunda en la razón, el convencimiento. Como dijo Ortega y Gassé en aquel famoso discurso; ganaron más no convencieron.

Lo que si debemos de tener en cuenta es que cuando un individuo sin carácter decide ejercerlo, no hay nada más anárquico y caótico que esto. Se le ofusca cualquier indicio de discernimiento. Se transforma en un ave carroñera que espera el desenlace final de su víctima. Al no tener el carácter de devorar el cuerpo en vida esperan a que esta muera. Para luego lanzarse en el cuerpo putrefacto y comerlo.

Al no saber decir no a tiempo. Al carecer de un espíritu enérgico. Al no delimitar los roles que les corresponden a los individuos que dirige. Y, sobre todo, carecer de iniciativa; en estas circunstancias el ambiente laboral se prostituye.

La intemperancia o falta de carácter es tan perjudicial como cualquiera de los otros vicios gerenciales. La empresa con un gerente sin carácter es como un ejército sin general.

Sandy Valerio.