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viernes, 3 de septiembre de 2010

Factibilidad económica versus factibilidad social.

Factibilidad económica versus factibilidad social.



Hace poco tiempo planteé una idea de desarrollo social, y una amiga del ciberespacio o Internet, me hizo la observación de si esta idea era factible económicamente.



Mí respuesta, es, sin lugar a dudas, que no. No es factible económicamente. Nuestro estado no posee los recursos económicos para un programa de esa envergadura. Se tendría que hacer una reforma fiscal extraordinaria para que el estado reciba los recursos de cubrir dicho plan.



Y, surgiría otra pregunta, ¿estarían nuestros ricos dispuestos a tal sacrificio?, sin lugar a dudas que no.



Ahora, reconociendo la vulnerabilidad presupuestaria de nuestro estado, es decir, que no posee los recursos para satisfacer las demandas sociales, por ende, sus ingresos son inversamente proporcionales a las demandas sociales. Es decir, que no puede desarrollar ningún proyecto trascendental de desarrollo social.



El crecimiento social no ha sido directamente proporcional a la satisfacción de sus necesidades. Es ahí el problema del desequilibrio social. Y esto a su vez trae como consecuencia la tensión social. El estrés colectivo.



Entonces, quién es el responsable de crear el ambiente propicio para el ciudadano. El que debe velar por la armonía social. El que debe identificar las obras que beneficien a la colectividad. Identificar las obras que disminuyan el estrés colectivo.



Y es aquí el punto. Estas obras deben realizarse sin importar su factibilidad económica, sino, su factibilidad social.



Quien puede pretender que hacer apartamento para personas pobres sea factible económicamente. Nadie en su sano juicio. O que, a personas mayores, es decir, ancianos, se les cobre un 2% de la pensión en los servicios que brinda el estado. Salud, vivienda, electricidad y otros. A si como crear pequeñas compañías de servicio de salud para brindarle asistencia a los ancianos en sus hogares. O guarderías infantiles en los varios pobres para las madres que viven en estos, con sus respetivos pediatras y psicólogos infantiles.



Pero imaginemos que el estado norteamericano, así como protegió las grandes industrias, protejas las masas, es decir, que crea un fondo en donde los individuos con deudas insalvables el estado las absorbas, y éste a su vez le pague al estado con trabajo o con dinero.



Y si se construyen cocinas industriales en las escuelas de los sectores más deprimidos económicamente. Y así de esta manera disminuir la desnutrición infantil y al mismo tiempo el desempleo. Pues cuántas personas se necesitarían para trabajar en la cocina y en el comedor. Y si además, a estos proyectos se le agregan autobuses, con sus respetivos chóferes y sus ayudantes.



Como vemos, todos estos proyectos no tienen factibilidad económica, por el contrario, un costo monetario muy alto. No existe empresa o persona que pueda cargar con un precio tan alto.



Entonces, hagámonos esta pregunta, ¿quién, sabiendo que estos proyectos no son factible económicamente, y que no existe persona o empresa que pueda hacerlo, pero tiene el deber de realizarlo para contribuir a la armonía social?



Sin lugar a dudas que el estado. Esta es la única entidad que puede cargar con un costo económico tan alto.



Ahora, ¿porqué razón?, por la factibilidad social. Por la armonía colectiva y la paz social. Es decir, el desarrollo del individuo, por ende, el desarrollo social.



Sandy Valerio.