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sábado, 23 de marzo de 2013

Corrupción inducida.


Corrupción inducida.

Has tenido una noche espantosa. Minutos antes de dormirte te llamaron para confirmar tu aprobación. Cosa esta innecesaria. Ya les habías dado tu aprobación al proyecto.

Aún resuena en tu cabeza lo que te dijeron anoche.

- Senador, el líder quiere ese proyecto aprobado mañana.
Sabes que es una imprudencia aprobar un contracto  de esa envergadura en tan corto tiempo. Además, tan trascendental para el país.

Como desearía no tener que pasar por éste mal momento.
Aprobar un adefesio así. Una cosa que va en contra de todos los preceptos que te rigen. Es como si fuera en contra de ti mismo que se ha hecho éste contracto.

Pero nada de eso importa en estos momentos. Has tirado todos tus preceptos por la borda con tal de no desafiar el liderazgo que domina tu partido político. Por el que has luchado tanto.

Sabes que es un contrato funesto para el país. Lo viste anoche al leer el adendum que le adjuntaron al contrato anterior. En éste se le quitan todos los derechos que tiene el país sobre su riqueza.

Este contracto es una vergüenza nacional. Lo sabes.

De ahí que hayas tenido una noche insoportable. Cuestionándote toda la noche sobre las personas que atentan contra su propio país. La tierra que los vio nacer.

Que articulen tantas artimañas en contra de su tierra. Y, lo peor, tu lo aprobarás.

Al tomar la decisión de aprobar ese contracto, te colocas al mismo nivel de los que elaboraron esa monstruosidad.

Eso es lo que no te ha permitido conciliar el sueño hoy. Has sentido durante toda la madrugada la misma sensación que Bruto al puñalear a Cesar. Un miserable traidor. Un traidor a su patria. Y quien traiciona su patria, traiciona su madre.

Siempre has dicho entre tus correligionarios que quien traiciona su patria traiciona su madre. Entonces, ¡Cómo alcanzar la paz con esta encrucijada moral!

Ves el reloj que se encuentra en la pared que esta  enfrente de tu cama. Son las 6:00 AM. Hora de levantarse, ver las noticias y hojear los periódicos.

Un ligero movimiento de tu esposa te hace volver a tus cabales. Te tranquilizas un poco. Ella se ha despertado. Se voltea hacia ti.

- Hola amor.
- ¿Te he despertado amor?
- No, no. Yo me despierto al mismo tiempo que tu. ¡Pero tu lo sabes!
- Sí, si. Perdóname mi vida. Es que he tenido una noche fatal.
No he podido conciliar el sueño durante toda la noche.

El sonido de tu celular interrumpe la conversación. Lo tomas en tus manos sin aún levantarte. Ves la pantalla para ver quien es que te está llamando tan temprano. Das un brinco al ver quien es que te llama.

- Buenos días Presidente.
- Buenos días Senador.

Tu esposa se levanta al mismo tiempo que tu. Debe ser algo demasiado importante para que el Presidente te llame a esta hora.

- Presidente, a qué se debe éste honor mañanero.
- Nada, nada, Senador. Sólo quiero que usted liderees los trabajos que comenzaremos en los próximos días en su provincia.
- Desde luego Señor Presidente. Desde luego.

El  Señor presidente se despidió felicitándote por el trabajo que has estado realizando en el senado. Y por tus cualidades morales.
Sientes que te están induciendo a cometer una barbarie. Pero no posees el carácter suficiente para desafiar al presidente negándote a firmar esa monstruosidad .

Sabes que eres la columna moral de ese contracto.

Esta es la razón por la que el presidente te ha llamado tan temprano.

Te ha dado la orden de que apruebes el contracto. Sabes que le debes tu senaduría a él.

Al cerrar el celular miras a tu esposa y le dices...

- Hoy regalaremos la riqueza de nuestro país.

Sandy Valerio.