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jueves, 11 de marzo de 2010

Violencia intrafamiliar.

Violencia intrafamiliar.

Los gritos de los niños te tienen los nervios de punta. El más grande es el único que no está llorando. Pero el que te tienes más inquieta es el que sostiene en tus brazos. El que aun amamantas, pero que no es suficiente para calmar su apetito. Le colocas el seno en la boca, pero no es suficiente y comienzas de nuevo a gritar. Ahora el mediano lo acompaña en los gritos. Es un infierno. Y tú apenas ha comido un poco de comida que te regalaron, por ende, no tienes fuerzas para soportarlo.

Despega al bebé del seno y al mismo tiempo lanzas un grito de desesperación enorme.

- ¡Cállense!

Por unos segundos reina el silencio pero no llegas a apear un pie de la cama cuando comienzan los gritos con mayor intensidad.

El vecino de al lado te cocea que calles a los niños, pero te haces la desentendida. Como si no viviera más nadie en la pensión, sólo tú y tus niños.

Pero no quieres causar muchos ruidos en la pensión, pues, deben dos semanas de la habitación. Decides prepararles agua de azúcar a los niños para calmarle el apetito.

Le cruzas por encimas al más grande que se encuentra acostado en un colchoncito en el suelo.

Coges el agua del bebé y echas un poco en un jarro. Tres cucharadas de azúcar para que quede bien dulce.

Le echas el agua de azúcar al biberón del mediano y al del pequeño.

Le pasas el biberón al de dos años y al pequeño le colocas el de él en la boca. Se han calmados los gritos.

Escuchas un sonido de motor parecido al de Miguel. Abres la puerta de la habitación para que no tenga que tocar. De seguro éste te traes algo para cenar y la leche de los niños.

Efectivamente, es Miguel que ha llegado. Empuja la puerta y entra. Este se quita el chaleco de motoconcho y lo coloca encima de la mesita que tienen.

Te quedas sin habla pues ha visto que no ha traído nada, más que un olor a ron.

- Entonces… No le trajiste la leche a los niños. ¡Dime!

- Muchacha…Ni 50 peso hice.

- Aja…Y ese olor a ron ¡Dime!, no me diga que te lo dieron.

- Muchacha… ¿Cuál olor a ron? Tú te estas poniendo loca.

- Loca…buen maricón. Loca es el hambre que tengo. Me dejas sin comida y sin leche. Y llegas como si nada. Con tú carita muy linda. Buen azaroso. A que fue a jugar en las maquinitas que te pusiste. Maldito…Y no pensaste en tus hijos y en tú mujer. ¡Verdad que no!

- Oye, oye... ¡Está bueno ya! Mejor cállate y acuéstate.

Al terminar de decir Miguel esto, el hambre, la desesperación y la violencia de tus circunstancias te hacen perder los estribos y le brincas encima. Lo aruñas, lo intentas morder. Sí, quieres desaparecerlo.

Pero tú fuerza no es suficiente y Miguel te repele a trompa limpia. Hasta el extremo de dejarte casi inconsciente.

Desde el suelo donde te encuentras lo ve abrir la puerta y marcharse.

Mientras te golpeaba no escuchabas los gritos de los niños pero ahora tendida en el suelo los escuchas. Y, desde luego, también escuchas al vecino decir.

- Se están matando otra vez.

Sandy Valerio.

sábado, 21 de marzo de 2009

Después de una buena venta.

Después de una buena venta.

Sostienes en la mano 4 buchetas y en los bolsillos 12 piedras. Una cantidad insignificante en comparación con la cantidad de drogas que trajiste. 30 piedras, 21 buchetas y 15 porciones de perico. Estas últimas se te terminaron hace apenas unos minutos. Llamas a cuchillo pues decidiste irte.

- Cuchillo… Vamos, ta bueno por hoy. La venta ha estado buena y no quiero que uno de esto desgraciado me lo quiera quitar. Bastante que tengo con darle al capitán. Ve… revisa la piedra a ver si queda algo del material.

Cuchillo no se detiene a contradecirte un instante, solamente cruza la calle, levanta la piedra y te hace una señal de que no queda nada. Enciendes el motor y esperas a que él regrese.

- No quedaba nada…
- No…
- Entonces nos vamos.

El absorbe el último copo de marihuana que le quedaba. Y se monta en el motor de un brinco. Sientes deseos de pedirle un copazo pero te detienes, pues, el olor a yerba no te gusta. Por eso te gusta más el perico, pues, éste no deja ese olor a incienso en la ropa y las manos. Pero no te queda perico, así que no te arrebatará para regresar a casa, donde tus hijos y tu negra. Y darle una buena pela en la cama a ésta. A esta hora los niños están durmiendo y no escucharían sus gemidos. Pero piensas en Josélito el más grande de los tres, que quiere una bicicleta. Con la buena venta que has tenido esta noche puedes comprarla mañana. Así que irás e invitas a cuchillo a que valla contigo a comprarla.
- Cuchillo, ¿Qué va ha hacer mañana?
- Na…
- Quiere ir conmigo ha comprarle una bicicleta a Josélito.
- Vamos…
- Po…Te paso a buscar mañana, okey.
- Ta…bien.

Mientras le decías esto a Cuchillo ya habían subido la subía que lleva al pueblo de Baitoa que se encuentra en el fondo de las montañas que están en la cordilleras central. Sientes un frío terrible y la neblina no te permites ver. Y te obligas a disminuir la velocidad del motor. Esto no te gusta pues lo hacéis blanco vulnerable a ti y a Cuchillo. Sientes un ligero escalofrío y agudiza la vista. Ve unas siluetas al lado de un motor y escucha el rastrillar de una pistola.

- Coño… Cuchillo, nos están esperando pa darnos un tumbe.
- Mierda…Ese tiene que ser el cabo que estaba hablando conmigo. El quería un gramo de perico. Pero ya se había acabado. Así que me dijo que habíamos tenido una buena venta.
- Coño…Cuchillo, nos metiste al medio sin darte cuenta. A ese hombre le gustan más los cuartos que comer.

Al terminar de decir esto a Cuchillo escuchas una voz autoritaria que te manda ha detener. Intentas dar un giro al motor pero escuchas unas detonaciones al mismo tiempo y caen en la calle. Se paran instintivamente, y corriendo penetran en los matorrales. Cuchillo no se detiene pero tú tropiezas y caes. Intentas levantarte pero la pierna derecha no te responde. Y piensas.

- Mierda… Me dieron, esos hijos de la gran puta.

Te volteas boca arribas e intentas quitarte el pantalón. Desabrochas el botón de éste y te bajas el ciper. Pero la energía que tienes solamente te alcanza para bajarlo hasta los muslos.

Sandy Valerio. 20 - 03 - 09