Intercambio.
El sudor dejó de brotarle de entre los poros.
La sombra lo abandonó después de un estruendoso sonido.
El corazón dejó de latir en medio del intercambio.
Y con el último reducto de energía que le quedaba.
Sólo atinó a decir; no veo de esté ojo.
Sandy Valerio.
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miércoles, 7 de mayo de 2008
Devuelve esa miseria.
Devuelve esa miseria.
El no quería acercarse donde se encontraba su padre, sentía vergüenza, pero sus amiguitos insistían, pues si le daban 5 pesos comprarían dulces para todos; y como el padre estaba apostando a los gallos, es porque tenía dinero.
Lo convencieron, y entre alegría y tristeza se acercaba a su padre. Alegría, porque su padre le daría la bendición; y tristeza, porque su padre no le gusta que lo molesten cuando apuesta a los gallos. Pero coincidencialmente siempre que lo podía ver y besarle la mano era en la gallera.
En está ocasión era igual, le besó la mano – sion papi – y con gesto despectivo el padre sacó 10 centavos, se lo entregó y al mismo tiempo - Dios te bendiga y váyase para su casa, los niños no están en gallera.
El váyase para su casa no lo escuchó, pues la alegría que le produjeron los 10 centavos y el Dios te bendiga era tan inmenso que se le olvidaron todos sus amiguitos, y emprendió una carrera que a todos sus compañeritos los dejó votados; y entre zancada y zancada, solamente decía; - vi a papi, vi a papi, y me dio diez…
Sus amiguitos, que al verle salir tan rápido, también lo siguieron, solamente escuchaban cuando decía, - vi a papi, vi a papi, y me dio diez…- la alegría también los contagió, y se decían – hasta paleta vamos a comprar con los diez pesos, eso da para comprar de todo.
Y con el corazoncito tan agitado como las olas del mar en un Huracán, llegó donde su abuelita. Y ésta a verlo tan contenta sonrió, pero con tristeza, pues la polla de él ella la había tenido que matar para comer; y le dijo ella – y esa alegría mi terruño – Y él le contestó – vi a papi, abuelita, y me dio diez…- A ella se le agrandaron los ojos, lo cogió por un brazo; y le dijo – deja ver los diez pesos – Y el niño sorprendido, le dijo a ella – cuáles diez pesos, abuelita, fueron diez cheles – Ella frunció las cejas y con una voz estruendosa le dijo – Devuelva esa miseria… rápido.
Sandy Valerio
El no quería acercarse donde se encontraba su padre, sentía vergüenza, pero sus amiguitos insistían, pues si le daban 5 pesos comprarían dulces para todos; y como el padre estaba apostando a los gallos, es porque tenía dinero.
Lo convencieron, y entre alegría y tristeza se acercaba a su padre. Alegría, porque su padre le daría la bendición; y tristeza, porque su padre no le gusta que lo molesten cuando apuesta a los gallos. Pero coincidencialmente siempre que lo podía ver y besarle la mano era en la gallera.
En está ocasión era igual, le besó la mano – sion papi – y con gesto despectivo el padre sacó 10 centavos, se lo entregó y al mismo tiempo - Dios te bendiga y váyase para su casa, los niños no están en gallera.
El váyase para su casa no lo escuchó, pues la alegría que le produjeron los 10 centavos y el Dios te bendiga era tan inmenso que se le olvidaron todos sus amiguitos, y emprendió una carrera que a todos sus compañeritos los dejó votados; y entre zancada y zancada, solamente decía; - vi a papi, vi a papi, y me dio diez…
Sus amiguitos, que al verle salir tan rápido, también lo siguieron, solamente escuchaban cuando decía, - vi a papi, vi a papi, y me dio diez…- la alegría también los contagió, y se decían – hasta paleta vamos a comprar con los diez pesos, eso da para comprar de todo.
Y con el corazoncito tan agitado como las olas del mar en un Huracán, llegó donde su abuelita. Y ésta a verlo tan contenta sonrió, pero con tristeza, pues la polla de él ella la había tenido que matar para comer; y le dijo ella – y esa alegría mi terruño – Y él le contestó – vi a papi, abuelita, y me dio diez…- A ella se le agrandaron los ojos, lo cogió por un brazo; y le dijo – deja ver los diez pesos – Y el niño sorprendido, le dijo a ella – cuáles diez pesos, abuelita, fueron diez cheles – Ella frunció las cejas y con una voz estruendosa le dijo – Devuelva esa miseria… rápido.
Sandy Valerio
Vine a buscar mi marido.
Vine a buscar mi marido.
Transcurrían las 7:00 pm, en aquel campo oculto por las montañas, como si sintieran celos, las montañas, por sus habitante resabiosos, que por todo pelean y por todo se quejan.
María no era la excepción. Había puesto la cena como de costumbre, a las 6: oo pm, pero eran las 7, sus nervios empezaron a castigarla como era de esperar, pues Antonio, que era su esposo, no acostumbraba a llegar después de cena, salvo algún inconveniente que le sucediera en el conuco.
- Ju… me parece que le pasó algo a Antonio. Carlos, ¿Qué tú crees?
- No, mamá. Qué le va a pasar a papá.
Carlos era el hijo más pequeño que aún vivía con María y Antonio; y un nieto que estaban criando. Los cuatros vivían con suficiente tranquilidad como para ser envidiados por sus vecinos, aunque con uno que otro imprevisto.
María lo sabía, siempre lo ha sabido, cuando surge algún imprevisto, no es para que María esté tranquila. En el último imprevisto duró Antonio dos días tras las rejas por Golpear un policía y casi lo matan dándole palos.
El mangú que ella había hecho, se había endurecido, y se le estaba escurriendo el aceite. Pero María no podía tranquilizarse. Ya Carlos y su sobrino estaban durmiendo. Cuando de repente se oye la voz de Antonio que vociferaba.
- Maldita mujer el diablo, tu verá lo que te va a pasar esta a noche. Cuero el diablo. Pa que respete los hombres. Maldito cuero.
A María se le engrifaron los pelos y se acordó que había discutido con Antonio en la mañana; y se dijo:
- Ju… se puso a beber y viene a bravear ahora.
No hubo de haber pasado 30 segundos de ella haber dicho esto cuando se oyó un sonido estruendoso que golpeaba la persiana del frente, y más seguido, otra piedra golpeaba la puerta. María había dado un brinco con el primer sonido. El segundo lo escuchó mientras iba corriendo con el nieto en una mano y con la otra sujetaba a Carlos.
Se lanzó por la barranca que estaba detrás de la casa con los dos niños en los brazos. En medio de la oscuridad se abrió paso por el arroyo sin que los niños se mojaran.
Subió la pendiente que daba a la casa de Juana, acostó a los niños y se acostó ella.
Juana la esperó con la puerta abierta, estaba acostumbrada, cuando oía un sonido extraño, era un imprevisto con Antonio.
Juana misma fue a ver después que se calmaron los sonidos e inspeccionó la casa, se quedó muda al ver el estado en que quedaron las persianas. Y fue a contárselo a María en seguida.
- Bueno María… mañana tú va tener que comprar mucha tabla.
María se quedó dormida con los niños y al amanecer tempranito se presentó a la jefatura policial, pues dos policías fueron los que no permitieron, después de darle unos cuantos palos a Antonio, que derrumbara la casa.
- Vine a buscar mi marido, el no hizo na… esa casa he de él.
Sandy Valerio.
Transcurrían las 7:00 pm, en aquel campo oculto por las montañas, como si sintieran celos, las montañas, por sus habitante resabiosos, que por todo pelean y por todo se quejan.
María no era la excepción. Había puesto la cena como de costumbre, a las 6: oo pm, pero eran las 7, sus nervios empezaron a castigarla como era de esperar, pues Antonio, que era su esposo, no acostumbraba a llegar después de cena, salvo algún inconveniente que le sucediera en el conuco.
- Ju… me parece que le pasó algo a Antonio. Carlos, ¿Qué tú crees?
- No, mamá. Qué le va a pasar a papá.
Carlos era el hijo más pequeño que aún vivía con María y Antonio; y un nieto que estaban criando. Los cuatros vivían con suficiente tranquilidad como para ser envidiados por sus vecinos, aunque con uno que otro imprevisto.
María lo sabía, siempre lo ha sabido, cuando surge algún imprevisto, no es para que María esté tranquila. En el último imprevisto duró Antonio dos días tras las rejas por Golpear un policía y casi lo matan dándole palos.
El mangú que ella había hecho, se había endurecido, y se le estaba escurriendo el aceite. Pero María no podía tranquilizarse. Ya Carlos y su sobrino estaban durmiendo. Cuando de repente se oye la voz de Antonio que vociferaba.
- Maldita mujer el diablo, tu verá lo que te va a pasar esta a noche. Cuero el diablo. Pa que respete los hombres. Maldito cuero.
A María se le engrifaron los pelos y se acordó que había discutido con Antonio en la mañana; y se dijo:
- Ju… se puso a beber y viene a bravear ahora.
No hubo de haber pasado 30 segundos de ella haber dicho esto cuando se oyó un sonido estruendoso que golpeaba la persiana del frente, y más seguido, otra piedra golpeaba la puerta. María había dado un brinco con el primer sonido. El segundo lo escuchó mientras iba corriendo con el nieto en una mano y con la otra sujetaba a Carlos.
Se lanzó por la barranca que estaba detrás de la casa con los dos niños en los brazos. En medio de la oscuridad se abrió paso por el arroyo sin que los niños se mojaran.
Subió la pendiente que daba a la casa de Juana, acostó a los niños y se acostó ella.
Juana la esperó con la puerta abierta, estaba acostumbrada, cuando oía un sonido extraño, era un imprevisto con Antonio.
Juana misma fue a ver después que se calmaron los sonidos e inspeccionó la casa, se quedó muda al ver el estado en que quedaron las persianas. Y fue a contárselo a María en seguida.
- Bueno María… mañana tú va tener que comprar mucha tabla.
María se quedó dormida con los niños y al amanecer tempranito se presentó a la jefatura policial, pues dos policías fueron los que no permitieron, después de darle unos cuantos palos a Antonio, que derrumbara la casa.
- Vine a buscar mi marido, el no hizo na… esa casa he de él.
Sandy Valerio.
Si usted no tiene dinero.
Si usted no tiene dinero.
La tristeza se le reflejaba en el rostro, no podía ocultarlo, por más que tratara de disimularlo, su dolor se veía en su cara.
Se sentó en el banco, el parque estaba lleno de jovencitos limpia botas y él los mirabas lleno de dolor y admiración; y en ese estado exotérico en que se encontraba observándolo, se le acercó uno de ellos.
- Señor… ¿Le limpio los zapatos?
Este había venido del lado opuesto a los que él estaba observando, por eso no se percató cuando venía. Trató de ocultar su dolor, más cuando vio el rostro de éste lleno de inocencia y ternura, trató de ocultarlo más, pero se equivocó, los niños tienen una capacidad extraordinaria para captar las emociones de los adultos, aún sin estos hablar; y más si estos están expuestos a atropellos constante de su inocencia. El titubeó un poco, pero aceptó.
- Esta bien…
Cogió su latita que tenía debajo del brazo, se sentó encima de ella; y la limpia bota en medio de él y el señor.
Fue sacando cada uno de los utensilios de su trabajo. Primero los paños, el liquido, la pasta; y luego el cepillo. Mientras tanto, el señor lo observaba. Echó líquido en una tapita de compota y con un cepillo de dientes, empezó a untárselo a los zapatos. El señor pensó que en épocas pasadas pudo ser de él. En cada movimiento que ejecutaba el niño era digno de admiración; y con el dolor del señor, ésta admiración se triplicaba.
Y mientras destapaba la pasta para darle brillo a los zapatos, el niño que había visto y sentido éste dolor en sus padres, le preguntó.
- Usted… ¿Está triste? ¡verdad!
El señor frunció las cejas, pero al ver la inocencia del rostro, cedió.
- Un poco…
El niño no hizo más preguntas, pues vio como se le aguaron los ojos al señor; y al terminar de limpiar los zapatos, el niño le dijo.
- Si usted no tiene dinero, después me lo paga…
Sandy Valerio.
La tristeza se le reflejaba en el rostro, no podía ocultarlo, por más que tratara de disimularlo, su dolor se veía en su cara.
Se sentó en el banco, el parque estaba lleno de jovencitos limpia botas y él los mirabas lleno de dolor y admiración; y en ese estado exotérico en que se encontraba observándolo, se le acercó uno de ellos.
- Señor… ¿Le limpio los zapatos?
Este había venido del lado opuesto a los que él estaba observando, por eso no se percató cuando venía. Trató de ocultar su dolor, más cuando vio el rostro de éste lleno de inocencia y ternura, trató de ocultarlo más, pero se equivocó, los niños tienen una capacidad extraordinaria para captar las emociones de los adultos, aún sin estos hablar; y más si estos están expuestos a atropellos constante de su inocencia. El titubeó un poco, pero aceptó.
- Esta bien…
Cogió su latita que tenía debajo del brazo, se sentó encima de ella; y la limpia bota en medio de él y el señor.
Fue sacando cada uno de los utensilios de su trabajo. Primero los paños, el liquido, la pasta; y luego el cepillo. Mientras tanto, el señor lo observaba. Echó líquido en una tapita de compota y con un cepillo de dientes, empezó a untárselo a los zapatos. El señor pensó que en épocas pasadas pudo ser de él. En cada movimiento que ejecutaba el niño era digno de admiración; y con el dolor del señor, ésta admiración se triplicaba.
Y mientras destapaba la pasta para darle brillo a los zapatos, el niño que había visto y sentido éste dolor en sus padres, le preguntó.
- Usted… ¿Está triste? ¡verdad!
El señor frunció las cejas, pero al ver la inocencia del rostro, cedió.
- Un poco…
El niño no hizo más preguntas, pues vio como se le aguaron los ojos al señor; y al terminar de limpiar los zapatos, el niño le dijo.
- Si usted no tiene dinero, después me lo paga…
Sandy Valerio.
martes, 6 de mayo de 2008
Gotas.
Gotas.
Cuanto espacio he recorrido desde que partí y dejé mi dueño. No he vuelto a sentir cosas que con él sentía.
He deambulado por lugares extraños, sin rumbo; He subido, bajado y rodado llenando aun conglomerado de plantas que me le deslizo por entre las ramas hasta llegar al tronco.
Muchas de nosotras son absorbidas por ellas. Otras, como yo, deambulamos por lugares inhóspitos, moldeando río, creando esperanza, dando nueva vida a quienes liberan más de nosotras.
En ocasiones hemos creado momentos de traumas y desolación al caer en grande cantidades sobre lugares necesitadas de nosotras. Pero después viene el verdor, el aroma primaveral, se reconstruye todo el entorno y la desesperanza desaparece.
Más nosotras continuamos nuestro recorrer. Cada minuto, cada segundo continúan llegando y quedando se, ese es nuestro existir.
En el transcurso de nuestros viajes nos contamos nuestras experiencias, vivencias y sentimientos.
A veces nos conmovemos al cruzar por lugares que necesitan de nosotras, pero mejor se adhieren más en nuestro camino.
En mi trayectoria he conocido unas cuantas que me han contado como la han liberado. Recuerdo que una me decía; -Mi amo, después de tener que correr en busca de un préstamo para entregárselo a quien salvaría la vida de su ser más querido. Aquella persona le dijo que no era suficiente, y que no podía hacer nada. ¡Pudiendo hacer tanto!
Empezó a respirar rapidísimo, dando vuelta de un lado a otro, se sentó en un lugar solitario. Se puso las manos por donde salimos nosotras, tratando de que no saliéramos, pero era tan intensa la fuerza que nos expulsaba, que él sentía nuestra calentura mientras nos le deslizábamos por entre sus manos en cantidades extraordinaria.
Y así me han contado otras de cómo la liberan, y todas coincidimos en que es una fuerza extraordinaria que nos impulsa.
La última con la que compartí un buen rato, antes de que nos apartáramos en unos de esos turbulentos momentos en que nos aglomeramos. Me decía que le hacía falta su amo, un ser sublime, con todas las virtudes del mundo. Que amó tanto a sus semejantes que dio la vida por ellos; y que la había liberado cuando le dijeron de la muerte de un amigo de él llamado Lázaro.
Yo quede fascinada con el relato de ella, ¿Cómo podía un humano ser tan sublime que diera la vida por sus semejantes? Más, al verme tan emocionada con la historia de ella, me preguntó qué cómo me habían liberado?
A lo cual le conteste: Al escribir sobre nosotras.
Sandy Valerio
Cuanto espacio he recorrido desde que partí y dejé mi dueño. No he vuelto a sentir cosas que con él sentía.
He deambulado por lugares extraños, sin rumbo; He subido, bajado y rodado llenando aun conglomerado de plantas que me le deslizo por entre las ramas hasta llegar al tronco.
Muchas de nosotras son absorbidas por ellas. Otras, como yo, deambulamos por lugares inhóspitos, moldeando río, creando esperanza, dando nueva vida a quienes liberan más de nosotras.
En ocasiones hemos creado momentos de traumas y desolación al caer en grande cantidades sobre lugares necesitadas de nosotras. Pero después viene el verdor, el aroma primaveral, se reconstruye todo el entorno y la desesperanza desaparece.
Más nosotras continuamos nuestro recorrer. Cada minuto, cada segundo continúan llegando y quedando se, ese es nuestro existir.
En el transcurso de nuestros viajes nos contamos nuestras experiencias, vivencias y sentimientos.
A veces nos conmovemos al cruzar por lugares que necesitan de nosotras, pero mejor se adhieren más en nuestro camino.
En mi trayectoria he conocido unas cuantas que me han contado como la han liberado. Recuerdo que una me decía; -Mi amo, después de tener que correr en busca de un préstamo para entregárselo a quien salvaría la vida de su ser más querido. Aquella persona le dijo que no era suficiente, y que no podía hacer nada. ¡Pudiendo hacer tanto!
Empezó a respirar rapidísimo, dando vuelta de un lado a otro, se sentó en un lugar solitario. Se puso las manos por donde salimos nosotras, tratando de que no saliéramos, pero era tan intensa la fuerza que nos expulsaba, que él sentía nuestra calentura mientras nos le deslizábamos por entre sus manos en cantidades extraordinaria.
Y así me han contado otras de cómo la liberan, y todas coincidimos en que es una fuerza extraordinaria que nos impulsa.
La última con la que compartí un buen rato, antes de que nos apartáramos en unos de esos turbulentos momentos en que nos aglomeramos. Me decía que le hacía falta su amo, un ser sublime, con todas las virtudes del mundo. Que amó tanto a sus semejantes que dio la vida por ellos; y que la había liberado cuando le dijeron de la muerte de un amigo de él llamado Lázaro.
Yo quede fascinada con el relato de ella, ¿Cómo podía un humano ser tan sublime que diera la vida por sus semejantes? Más, al verme tan emocionada con la historia de ella, me preguntó qué cómo me habían liberado?
A lo cual le conteste: Al escribir sobre nosotras.
Sandy Valerio
Sentir.
Sentir
Mi historia comienza una mañana en la que transcurría todo en normalidad, desde luego, la normalidad que estoy acostumbrado. En mi mundo la vida es algo especial. Es un acontecer de hechos fuera de lo común. Somos un grupo de cuerpos ovalados con colas, y nos movemos con independencia.
Cada uno tiene su propio sentir. Unos mueven la cola más rápido, otros son más resistentes. Pero tenemos la peculiaridad de que somos de un mismo lugar. De lo contrario no podríamos vivir.
La razón de ser de nosotros no es solamente convivir juntos y pelear entre nosotros, sino, competir. El que llegue más rápido a un lugar en el que ninguno regresa. Aunque nos cuentas que son unos cuantos los privilegiados. Todo va ha depender de las circunstancias en la que nos veamos envueltos.
En nuestras vidas hay momentos en que no depende de nosotros, sino, de ciertos fenómenos naturales; por ejemplo, la cantidad de nosotros, ciertos fenómenos físicos o químicos. Y también una orden del más allá, sobrenatural, divina.
Cuando sucede uno de esto fenómeno, existe un camino que tenemos que recorrer. Atravesamos un conducto bien largo. Somos inspeccionados por dos fenómenos ovalados como nosotros pero sin colas. Estos están atados a algo que no sé su nombre pero se contrae y se extiende.
Después de ese camino tan largo, nos expulsan con una fuerza extraordinaria a un paraíso. Donde no andamos tan apretados. Nos movemos con libertad. No chocamos. Es raro cuando se cruzan dos en el camino.
Tengo que hacer un paréntesis. Hay ocasiones en la que un grupo de nosotros cae en el vacío o en un ambiente deteriorado. Pero de ellos no se vuelve a saber. Esto nos lo ha dicho… No se puede decir.
Pero volviendo a lo esencial. Una mañana nos encontrábamos reunidos un gran numero de nosotros, todos juntos, bien apretados, y llegando más. De repente tuvimos que salir rapidísimo. Fuimos inspeccionados a toda prisa. Yo iba en la delantera cuando nos expulsaron a toda velocidad. Y, sí, caímos en un ambiente extraordinario. Todo era grande. Un mundo gelatinoso, calido, fantástico, me sentía como en el paraíso.
Después de estar de un lado para otro, dando vuelta, como si estuviéramos buscando algo. Pero no sabíamos que era… Vimos algo redondo que se acercaba a nosotros. Nos lanzamos a ver lo que era. En ese instante sentí una sensación extraña. No sé por qué era yo el que iba en la delantera. Fui el primero en acercarme le. De repente me absorbió. Todos se quedaron mirando. No hicieron nada para ayudarme. Sentí que me estaba comiendo. Me cortó la cola. En ese instante perdí el conocimiento pero sabía que estaba vivo. Lo último que recuerdo es que me comieron y que estaba vivo.
Unos días después desperté. Estaba totalmente diferente. No tenía cola, era muy lento. No tenía velocidad. No podía moverme. Sentía sensaciones extrañas. Sin saber de donde me llegaban. Mis compañeros, que eran tantos no volví a verlos.
Según pasaba los días, las sensaciones eran más fuertes. Estaba cambiando radicalmente. Había algo de fuera que cuando se acercaba, lo sentía. Me decía algo, lo escuchaba.
Todo era extraño. Todo cuanto estaba a mí alrededor era extraño. Hasta yo era extraño. Sentía unas cantidades de emociones que no sabía de dónde venían. Pero me encantaban. Es más. No me movía y me sentía mejor que cuando me movía.
Todo me llegaba por algo que estaba pegado a mi centro. No tenía que buscar nada. Todo estaba siempre en mí. Nada me faltaba. Las sensaciones se hacían tan fuerte que me hacían vibrar dentro de mí. Pero no podía moverme.
A mí alrededor todo estaba calientito.
Si mis compañeros me ven con lo grande que estoy. Tengo como mil veces el tamaño de ellos. ¿Cómo estarán? Seguro están bien. Hay algo que no me puedo explicar. Si esa cosa me comió. ¿Cómo es que estoy vivo? Y tan grande. Será que nos transformamos los dos juntos en algo anormal.
Con el ritmo que llevo, creo que voy a ser un gigante. Por que en unos cuantos días que llevo, tengo como mil veces el tamaño que tenía. Serán las sensaciones que siento. O quizás lo que me está llegando a través de mi centro lo que me ha hecho crecer tanto.
Lo que si estoy seguro, es que si mis compañeros tuvieran la suerte de que se lo coman como a mí, tuvieran la misma felicidad que tengo yo.
Sensaciones, crecimientos y alegría. Todo lo que cualquiera de mis amigos pudiera desear.
Luego todo a mí alrededor se calentó. Por el centro de mí empezó algo ha entrar que me estaba matando. Sentía que era fuerte como la otra vez. Sentía miedo en esta ocasión. No creo que era bueno lo que me entraba. Estaba cortando me y no tenía cola que cortar. Es más, era entero que me estaba cortando. Cuando estuve a punto de ser cortado, vino algo sobre natural. Era una fuerza extraordinaria, me atrapó, me envolvió. No dejó que me cortara. De una vez empezó todo a mí alrededor a ponerse normal.
Luego vino una sensación más fuerte, me dio seguridad. Volví a sentirme feliz. Aunque aún tenía el temor de que me volviera a suceder aquella cosa tan mala.
Empecé a crecer más. Sentía un escándalo encima de mí. Un pun… Pun… que me encantaba. Volví a sentirme feliz. ¿Qué había provocado aquello? No lo sé. Que sintiera que iba ha explotar y que no permitieran que explotara. Talvez alguno de mis compañeros me lo dirá.
Según pasaban los días todo seguía con normalidad. Sensaciones iban y venían.
En una ocasión sentí una fuerza que me estaba apretando, me pedía que me meneara. No era la fuerza que me protegió, no, era una fuerza más débil, pero me hacía feliz. Sé que no me haría daño, lo presentía. Aunque a lo primero me apretaba como queriendo matarme. Pero no lo hacía. En otra ocasión esa misma fuerza empezó a menearse de un lado a otro. Y no sé, pero me encantaba. Sentía como si estuviera haciendo me cosquilla, era extraordinario. Que felicidad. Que dicha la mía. Que envidia me han de tener.
Hay algo que siempre me ha llamado la atención. Era que, había una fuerza, que cuando se me acercaba me hacía sentir feliz, pero era muy esporádica. Ocurría ocasionalmente. Luego se iba. No la volvía a sentir. Que extraño. Verdad…
Entonces empezaron a suceder me cosas extraña de nuevo. Las sensaciones podía diferenciarlas. Empezaron a salirme cuatros colas. Dos mas para bajo de mí cabeza y dos mas para bajo de mí centro. Ya tenía un tamaño de gigante. Ya sabía que me gustaba que entrara por mí. Después, un milagro, menee una de mi nueva cola. Que felicidad… Sentía que moría de alegría. OH… No lo creo. Quería correr pero no podía. Sí… Sí… Menear una cola uaoo…Cuando mueva mis cuatros colas seré más rápido que antes. O perdí esa rapidez al transformarme. Pero si con una cola me meneaba rapidísimo. Qué será con cuatros. No, no lo podía creer…
La fuerza que me empujaba a lo primero, ahora hacía que meneara mis colitas de felicidad.
La otra fuerza que venía y se iba, hacía que meneara mis colas con más rapidez. Pero siempre se iba. No duraba mucha esa alegría.
Cuando estaba más feliz. La fuerza que me apretaba al principio de mi transformación, ahora me hacía cosquilla a cada instante. Me pasaba algo con cinco ganchos juntos que me fascinaba. Era un movimiento circular. Con mucha frecuencia.
Pero ocurrió un imprevisto. Empecé a sentirme sin fuerza. Mis colas tenían cada una más colitas, pero no se movían. Y no tenía ganas de moverlas. No tenía ganas de que me hicieran cosquilla. La fuerza que me hacía cosquilla hacía un esfuerzo extraordinario para que me meneara. Y… Sucedió… La fuerza que me salvó cuando iba ha explotar, esa misma fuerza me vino ha buscar…
Sandy Valerio.
Mi historia comienza una mañana en la que transcurría todo en normalidad, desde luego, la normalidad que estoy acostumbrado. En mi mundo la vida es algo especial. Es un acontecer de hechos fuera de lo común. Somos un grupo de cuerpos ovalados con colas, y nos movemos con independencia.
Cada uno tiene su propio sentir. Unos mueven la cola más rápido, otros son más resistentes. Pero tenemos la peculiaridad de que somos de un mismo lugar. De lo contrario no podríamos vivir.
La razón de ser de nosotros no es solamente convivir juntos y pelear entre nosotros, sino, competir. El que llegue más rápido a un lugar en el que ninguno regresa. Aunque nos cuentas que son unos cuantos los privilegiados. Todo va ha depender de las circunstancias en la que nos veamos envueltos.
En nuestras vidas hay momentos en que no depende de nosotros, sino, de ciertos fenómenos naturales; por ejemplo, la cantidad de nosotros, ciertos fenómenos físicos o químicos. Y también una orden del más allá, sobrenatural, divina.
Cuando sucede uno de esto fenómeno, existe un camino que tenemos que recorrer. Atravesamos un conducto bien largo. Somos inspeccionados por dos fenómenos ovalados como nosotros pero sin colas. Estos están atados a algo que no sé su nombre pero se contrae y se extiende.
Después de ese camino tan largo, nos expulsan con una fuerza extraordinaria a un paraíso. Donde no andamos tan apretados. Nos movemos con libertad. No chocamos. Es raro cuando se cruzan dos en el camino.
Tengo que hacer un paréntesis. Hay ocasiones en la que un grupo de nosotros cae en el vacío o en un ambiente deteriorado. Pero de ellos no se vuelve a saber. Esto nos lo ha dicho… No se puede decir.
Pero volviendo a lo esencial. Una mañana nos encontrábamos reunidos un gran numero de nosotros, todos juntos, bien apretados, y llegando más. De repente tuvimos que salir rapidísimo. Fuimos inspeccionados a toda prisa. Yo iba en la delantera cuando nos expulsaron a toda velocidad. Y, sí, caímos en un ambiente extraordinario. Todo era grande. Un mundo gelatinoso, calido, fantástico, me sentía como en el paraíso.
Después de estar de un lado para otro, dando vuelta, como si estuviéramos buscando algo. Pero no sabíamos que era… Vimos algo redondo que se acercaba a nosotros. Nos lanzamos a ver lo que era. En ese instante sentí una sensación extraña. No sé por qué era yo el que iba en la delantera. Fui el primero en acercarme le. De repente me absorbió. Todos se quedaron mirando. No hicieron nada para ayudarme. Sentí que me estaba comiendo. Me cortó la cola. En ese instante perdí el conocimiento pero sabía que estaba vivo. Lo último que recuerdo es que me comieron y que estaba vivo.
Unos días después desperté. Estaba totalmente diferente. No tenía cola, era muy lento. No tenía velocidad. No podía moverme. Sentía sensaciones extrañas. Sin saber de donde me llegaban. Mis compañeros, que eran tantos no volví a verlos.
Según pasaba los días, las sensaciones eran más fuertes. Estaba cambiando radicalmente. Había algo de fuera que cuando se acercaba, lo sentía. Me decía algo, lo escuchaba.
Todo era extraño. Todo cuanto estaba a mí alrededor era extraño. Hasta yo era extraño. Sentía unas cantidades de emociones que no sabía de dónde venían. Pero me encantaban. Es más. No me movía y me sentía mejor que cuando me movía.
Todo me llegaba por algo que estaba pegado a mi centro. No tenía que buscar nada. Todo estaba siempre en mí. Nada me faltaba. Las sensaciones se hacían tan fuerte que me hacían vibrar dentro de mí. Pero no podía moverme.
A mí alrededor todo estaba calientito.
Si mis compañeros me ven con lo grande que estoy. Tengo como mil veces el tamaño de ellos. ¿Cómo estarán? Seguro están bien. Hay algo que no me puedo explicar. Si esa cosa me comió. ¿Cómo es que estoy vivo? Y tan grande. Será que nos transformamos los dos juntos en algo anormal.
Con el ritmo que llevo, creo que voy a ser un gigante. Por que en unos cuantos días que llevo, tengo como mil veces el tamaño que tenía. Serán las sensaciones que siento. O quizás lo que me está llegando a través de mi centro lo que me ha hecho crecer tanto.
Lo que si estoy seguro, es que si mis compañeros tuvieran la suerte de que se lo coman como a mí, tuvieran la misma felicidad que tengo yo.
Sensaciones, crecimientos y alegría. Todo lo que cualquiera de mis amigos pudiera desear.
Luego todo a mí alrededor se calentó. Por el centro de mí empezó algo ha entrar que me estaba matando. Sentía que era fuerte como la otra vez. Sentía miedo en esta ocasión. No creo que era bueno lo que me entraba. Estaba cortando me y no tenía cola que cortar. Es más, era entero que me estaba cortando. Cuando estuve a punto de ser cortado, vino algo sobre natural. Era una fuerza extraordinaria, me atrapó, me envolvió. No dejó que me cortara. De una vez empezó todo a mí alrededor a ponerse normal.
Luego vino una sensación más fuerte, me dio seguridad. Volví a sentirme feliz. Aunque aún tenía el temor de que me volviera a suceder aquella cosa tan mala.
Empecé a crecer más. Sentía un escándalo encima de mí. Un pun… Pun… que me encantaba. Volví a sentirme feliz. ¿Qué había provocado aquello? No lo sé. Que sintiera que iba ha explotar y que no permitieran que explotara. Talvez alguno de mis compañeros me lo dirá.
Según pasaban los días todo seguía con normalidad. Sensaciones iban y venían.
En una ocasión sentí una fuerza que me estaba apretando, me pedía que me meneara. No era la fuerza que me protegió, no, era una fuerza más débil, pero me hacía feliz. Sé que no me haría daño, lo presentía. Aunque a lo primero me apretaba como queriendo matarme. Pero no lo hacía. En otra ocasión esa misma fuerza empezó a menearse de un lado a otro. Y no sé, pero me encantaba. Sentía como si estuviera haciendo me cosquilla, era extraordinario. Que felicidad. Que dicha la mía. Que envidia me han de tener.
Hay algo que siempre me ha llamado la atención. Era que, había una fuerza, que cuando se me acercaba me hacía sentir feliz, pero era muy esporádica. Ocurría ocasionalmente. Luego se iba. No la volvía a sentir. Que extraño. Verdad…
Entonces empezaron a suceder me cosas extraña de nuevo. Las sensaciones podía diferenciarlas. Empezaron a salirme cuatros colas. Dos mas para bajo de mí cabeza y dos mas para bajo de mí centro. Ya tenía un tamaño de gigante. Ya sabía que me gustaba que entrara por mí. Después, un milagro, menee una de mi nueva cola. Que felicidad… Sentía que moría de alegría. OH… No lo creo. Quería correr pero no podía. Sí… Sí… Menear una cola uaoo…Cuando mueva mis cuatros colas seré más rápido que antes. O perdí esa rapidez al transformarme. Pero si con una cola me meneaba rapidísimo. Qué será con cuatros. No, no lo podía creer…
La fuerza que me empujaba a lo primero, ahora hacía que meneara mis colitas de felicidad.
La otra fuerza que venía y se iba, hacía que meneara mis colas con más rapidez. Pero siempre se iba. No duraba mucha esa alegría.
Cuando estaba más feliz. La fuerza que me apretaba al principio de mi transformación, ahora me hacía cosquilla a cada instante. Me pasaba algo con cinco ganchos juntos que me fascinaba. Era un movimiento circular. Con mucha frecuencia.
Pero ocurrió un imprevisto. Empecé a sentirme sin fuerza. Mis colas tenían cada una más colitas, pero no se movían. Y no tenía ganas de moverlas. No tenía ganas de que me hicieran cosquilla. La fuerza que me hacía cosquilla hacía un esfuerzo extraordinario para que me meneara. Y… Sucedió… La fuerza que me salvó cuando iba ha explotar, esa misma fuerza me vino ha buscar…
Sandy Valerio.
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